sábado, mayo 20, 2006
MORTAL.
Estoy en una reunión de pega, llevo varios minutos sentada escuchando la pauta. Hoy como nunca, hay miles de puntos a tratar, lo que significa que estaremos ahí no menos de un par de horas. Pasa un rato, y empiezan aparecer las opiniones cruzadas sobre temas importantes y yo… escucho. A medida que la conversación avanza, comienzo a ordenar mis ideas, una y otra vez. Mentalmente resumo, jerarquizo…y hasta, censuro. No se muy bien que decir ni por dónde empezar. Miro las caras de todos, ansiosa. Ni siquiera puedo leer los labios para estar segura de lo que está hablando. Mi atención se ha ido a otra parte, como siempre.
A estas alturas advierto una única sensación, la angustia. Desde chica he sentido que en situaciones como estas, mi opinión es secundaria y lo que verdaderamente está en juego Soy Yo. Yo entera, mi historia, mi forma de ser, mis puntos de vista, mis miedos, mis frustraciones, todo. Tal vez por eso es que no soporto mucho las bromas, no se como actuar, que responder, creo que siempre se tratan de Mi. Ya se que es como la Auto referencia en su máxima expresión, pero no puedo luchar contra ella por ahora.
Es como si no pudiera relacionarme parcialmente con las cosas, todo lo que hago pone en juego mi existencia, el estar o no estar.
La reunión sigue, por suerte aún no es mi turno. Parece que están hablando de un programa educativo institucional o algo así… ¿qué cresta es eso?, me suena. De pronto escucho mi nombre, y claro, me acuerdo que yo misma participé en la discusión del proyecto educativo, yo estuve ahí…varias ideas son mías.
Me toca hablar. Por suerte tengo todo anotado. Termino a los pocos minutos, y no veo caras feas ni escucho objeciones. Que tranquilidad.
Me quedo pensando y me angustio otra vez. Es raro que, no me acuerde. Hago memoria y nada. Que paradoja, no me acuerdo de eso, pero si me acuerdo de muchas otras veces en las que me he sentido igual.
De mi última relación de pareja, por ejemplo, tengo vagos recuerdos, y no precisamente por que fuese hace mucho. No me acuerdo de cosas, conversaciones y situaciones de las que el si se acuerda, y es raro por que obviamente estuve ahí.
De la época universitaria, pocas imágenes. Hay fotos mías de carretes, paseos y cosas por el estilo. Tengo varios trabajos guardados de esos que se hacen en grupo. Hasta hoy veo a personas en la calle que se me acercan y me saludan y me preguntan en qué estoy, pero no se por que cresta tengo la sensación de no haber estado ahí.
(¿Mencioné que nunca me enfermo? Hace años que no voy al médico. A mi no me pasa nada.)
Para que hablar de otro tipo de compromisos. Ni siquiera establezco relaciones que contemplen esa posibilidad, y no es una elección, lo que pasa es siempre lo mismo. Nada.
Bueno, seamos justos…no es que materialmente nunca haya pasado nada, obviamente que si, pero todo lo que me pasa se traduce casi en nada. Mi terapeuta me asegura que no tengo mayormente exacerbada la capacidad de fantasear, y que tampoco tengo problemas de memoria, por lo tanto, todo lo que me pasa ha sido cierto, incluso hay testimonio de eso.
El problema es otro. El problema es que me convertí en un fantasma.
Estoy en una reunión de pega, llevo varios minutos sentada escuchando la pauta. Hoy como nunca, hay miles de puntos a tratar, lo que significa que estaremos ahí no menos de un par de horas. Pasa un rato, y empiezan aparecer las opiniones cruzadas sobre temas importantes y yo… escucho. A medida que la conversación avanza, comienzo a ordenar mis ideas, una y otra vez. Mentalmente resumo, jerarquizo…y hasta, censuro. No se muy bien que decir ni por dónde empezar. Miro las caras de todos, ansiosa. Ni siquiera puedo leer los labios para estar segura de lo que está hablando. Mi atención se ha ido a otra parte, como siempre.
A estas alturas advierto una única sensación, la angustia. Desde chica he sentido que en situaciones como estas, mi opinión es secundaria y lo que verdaderamente está en juego Soy Yo. Yo entera, mi historia, mi forma de ser, mis puntos de vista, mis miedos, mis frustraciones, todo. Tal vez por eso es que no soporto mucho las bromas, no se como actuar, que responder, creo que siempre se tratan de Mi. Ya se que es como la Auto referencia en su máxima expresión, pero no puedo luchar contra ella por ahora.
Es como si no pudiera relacionarme parcialmente con las cosas, todo lo que hago pone en juego mi existencia, el estar o no estar.
La reunión sigue, por suerte aún no es mi turno. Parece que están hablando de un programa educativo institucional o algo así… ¿qué cresta es eso?, me suena. De pronto escucho mi nombre, y claro, me acuerdo que yo misma participé en la discusión del proyecto educativo, yo estuve ahí…varias ideas son mías.
Me toca hablar. Por suerte tengo todo anotado. Termino a los pocos minutos, y no veo caras feas ni escucho objeciones. Que tranquilidad.
Me quedo pensando y me angustio otra vez. Es raro que, no me acuerde. Hago memoria y nada. Que paradoja, no me acuerdo de eso, pero si me acuerdo de muchas otras veces en las que me he sentido igual.
De mi última relación de pareja, por ejemplo, tengo vagos recuerdos, y no precisamente por que fuese hace mucho. No me acuerdo de cosas, conversaciones y situaciones de las que el si se acuerda, y es raro por que obviamente estuve ahí.
De la época universitaria, pocas imágenes. Hay fotos mías de carretes, paseos y cosas por el estilo. Tengo varios trabajos guardados de esos que se hacen en grupo. Hasta hoy veo a personas en la calle que se me acercan y me saludan y me preguntan en qué estoy, pero no se por que cresta tengo la sensación de no haber estado ahí.
(¿Mencioné que nunca me enfermo? Hace años que no voy al médico. A mi no me pasa nada.)
Para que hablar de otro tipo de compromisos. Ni siquiera establezco relaciones que contemplen esa posibilidad, y no es una elección, lo que pasa es siempre lo mismo. Nada.
Bueno, seamos justos…no es que materialmente nunca haya pasado nada, obviamente que si, pero todo lo que me pasa se traduce casi en nada. Mi terapeuta me asegura que no tengo mayormente exacerbada la capacidad de fantasear, y que tampoco tengo problemas de memoria, por lo tanto, todo lo que me pasa ha sido cierto, incluso hay testimonio de eso.
El problema es otro. El problema es que me convertí en un fantasma.


