Salí a caminar
antes de que oscureciera.
Estuve casi una hora
sentado en la plaza Pedro de Valdivia.
Un perro color barquillo
se me acercó tímidamente
y me lamío la mano,
yo le hice cariño
y se tendió
a mi lado.
Minutos después
lo despertó una sirena de incendios,
caminó despacio hasta el pasto
y se tendió de nuevo.
Calculé
que se hubiera dormido,
me levanté con cautela
y me fui.
BERTONI
miércoles, mayo 23, 2007
Mi amigo poeta me enseñó a leer, a escribir.
Algo dijo de una lucecita propia (mia) y de la intensidad de su brillo.
También yo tengo un amigo que me dice eso, lo de la lucecita interior, y que hay que ser aquello que somos, por lo menos intentarlo, la luz no puede estar debajo de la vela