
Hace una semana viví una experiencia muy fuerte y conmovedora.Tuve que asistir y ayudar a una compañera de trabajo que había perdido a su madre.Nos avisaron del fallecimiento y fui con ella a su casa, que queda relativamente cerca de la Escuela Diferencial en donde ambas trabajamos.La señora había muerto hacía 10 minutos, y su cuerpo yacía inerte sobre una cama clínica en el living .Como era de esperarse, todo el mundo estaba en estado de schock,porque a pesar de la larga enfermedad,todos guardaban intensa y secretamente la posibilidad de una leve mejoría.Nadie sabía muy bien que hacer, y yo, motivada por el gran cariño que tengo por mi amiga,y acostumbrada a lidiar con el sufrimiento del otro,comencé a hacer lo que tenía que hacer.
Busqué cuidadosamente la ropa para vestirla.La ropa estaba ahí,frente a nuestras narices, pero solo yo la veía. Se la entregué a una persona ,comencé a realizar los llamados telefónicos correspondientes y traté de calmar lo más posible a algunas personas.Una extraña mezcla de tristeza y pudor invadían mis pensamientos.Me preguntaba, ¿que hacía yo entre toda esa gente mientras el alma abandonaba ese cuerpo tan deteriorado?,sentía que era un momento familiar muy intenso y muy íntimo, pero traté de mantenerme en calma y actuar lo más eficientemente posible.
Luego, de vuelta en el colegio, me encomendaron la misión de comprar flores y coronas a nombre de toda la comunidad escolar. Todo iba bien, si se puede decir así,hasta que tuve que escribir las tarjetas de condolencias,no podía,mi mano temblaba,no encontraba las letras ni las palabras, la adrenalina se me agotaba y no podía articular ni una sola frase.Pensaba en mi amiga,en su tristeza y en mi madre,si,en mi madre, que aunque es muy joven,está enferma.Me invadió el miedo y la angustia.Creo haberla llamado dos o tres veces, sólo para escuchar su vos.
Fue una semana larga,triste,intensa.Mi amiga volvió a trabajar,y juntas tuvimos que asistir a una importante reunión,y como es lógico,durante el trayecto hablamos mucho de su madre y de lo que vivimos juntas ese día.Ella agradeció cada uno de mis gestos, y yo le agradecí el haberme dejado ayudarla.Hoy nuestra relación es distinta,ambas guardamos en nuestra retina dolorosas imagenes compartidas, que mágicamente, nos acercaron todavía más. Hay ratos en los que nos topamos en los recreos y ella esboza una leve sonrisa,y yo,guardo silencio y me quedo tranquila.