Salí a caminar
antes de que oscureciera.
Estuve casi una hora
sentado en la plaza Pedro de Valdivia.
Un perro color barquillo
se me acercó tímidamente
y me lamío la mano,
yo le hice cariño
y se tendió
a mi lado.
Minutos después
lo despertó una sirena de incendios,
caminó despacio hasta el pasto
y se tendió de nuevo.
Calculé
que se hubiera dormido,
me levanté con cautela
y me fui.
BERTONI
lunes, mayo 25, 2009
La modesta felicidad me llevó al puerto,
y llenó mis bolsillos de nostalgia.
( ...mientras tanto, muy cerquita, un pájaro-mago celebraba su nacimiento...)